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martes, 8 de junio de 2010

Alfombra Roja para el terrorismo

La presencia de la secretaria de Estado norteamericana Hillary Clinton puso de rodillas al gobierno de la "Revolución Ciudadana", y va denotando el proceso de derechización que vive el mandato de Rafael Correa.

Y precisamente un alfombra roja le esperaba para recibir a tan connotada dama, representante del Imperialismo norteamericano, quizá replicando lo que la Ley de Migrante hace en Estados Unidos, criminalizar la movilización de miles de compatriotas y hermanos latinoamericanos, producto precisamente del saqueo que han sometido en todo el mundo y que nuestro país ha sido uno de los afectados, de tal manera quisiéramos que que nuestros migrantes sean recibido con aplausos como los hicieron lo militantes de Alianza País que se apostaron en la Plaza de la Independencia para recibir a esta señora.

Esto no impidió que representantes de organizaciones sociales, de izquierda, anti imperialistas, como el MPD, FEUE, FRIU, rechacen la presencia de H. Clinton, que recuerda aquellos episodios cuando Lucio Gutierrez también se puso de rodillas ante el Imperialismo.

La visita de Clinton al país, es un nuevo paso dentro de los acercamientos de los Presidentes; Obama-Correa, lo cual significa un nuevo sometimiento del régimen a la política norteamericana, la firma de acuerdos en materia económica, política y militar, sobre todo para afianzar la participacion del Ecuador en el Plan Colombia y así mejorar las relaciones Ecuador – Colombia.




jueves, 13 de noviembre de 2008

Con Obama no cambia la naturaleza imperialista de los EEUU

Era previsible que tras la elección de Barack Obama como presidente de los Estados Unidos se hagan públicos los más diversos análisis políticos del significado e incidencia que aquello puede tener no solo para ese país, sino, sobre todo, para su política exterior.

La prensa burguesa abunda en material que destaca que esa elección implica y causará grandes cambios en la política estadounidense. Ciertamente se ha producido un cambio: los demócratas retornan a la Casa Blanca tras diez años de ejercicio gubernamental de los republicanos, y además contarán con el aval de una bancada mayoritaria que controla el Congreso; además, es la primera ocasión que eligen a un mulato como presidente.

La elección de Obama expresa el cansancio y la búsqueda de cambios de los estadounidenses con la política archireaccionaria impulsada en estos años por Geoge Bush, a quien corresponsabilizan de la crisis financiera que sacude la economía yanqui, y condenan por su política belicista que ha llevado a exacerbar el odio de los pueblos en contra del imperialismo yanqui. Bush ha sido calificado como el más inepto de los presidentes que los EEUU han tenido, pero resultó ser muy útil para los intereses de los grupos monopólicos transnacionales, particularmente para las empresas petroleras y para la industria de guerra.

Con la elección de Obama la esencia de la política estadounidense no cambiará, eso hay que dejarlo sentado con absoluta claridad y seguridad. Los cambios que puedan producirse no serán más que de índole formal, en la manera de decir las cosas. En política internacional, los aspectos que sufrirán modificaciones serán aquellos que no tienen mayor trascendencia o relevancia en el contexto mundial.

Fue claro en afirmar que no tiene en mente sacar -en poco tiempo- las fuerzas que ahora ocupan Irak y en el caso de Afganistán anunció el incremento de su presencia militar. A manera de digresión, hay que recordar que una administración demócrata, la de Bill Clinton, lanzó la primera intervención militar sobre Irak, poco más de diez años atrás.

Sobre América Latina, a la que el imperialismo yanqui considera su patio trasero, ha dicho que buscará la democratización de Cuba para poner fin al embargo, lo que suena exactamente igual a lo que Washington ha repetido en todos estos años; respecto de las políticas económicas de libre comercio, hay que recordar que, como senador, votó a favor de la suscripción del TLC con Perú.

Los pueblos no deben levantar falsas expectativas de lo que puede ocurrir con la nueva administración norteamericana. Estados Unidos es un estado imperialista, instrumento de los grupos monopólicos, muchos de los cuales son los más poderosos del mundo; un país en el que, por lógica, los presidentes han estado y estarán al servicio de esos monopolios. De no ser así no ocuparían ese puesto.

miércoles, 29 de octubre de 2008

Falsa democracia electoral estadounidense

En este país un candidato presidencial puede ganar el voto popular y perder la elección; o puede triunfar en la elección nacional sólo con ganar la mayoría del voto de 12 estados, todo por un sistema electoral cada vez más curioso y por definición poco democrático.

Y es que no hay voto directo popular para elegir al presidente de Estados Unidos. Al depositar una boleta en una urna aquí, uno está votando por un “elector” desconocido que representa a ese candidato en algo llamado “colegio electoral”. El colegio electoral es el que determina quién será el presidente.

Cada estado tiene asignado un número de votos electorales que son igual al número de sus representantes federales más dos (el numero de representantes en la Cámara baja se determina en proporción a la población de cada estado por el censo; el número de senadores por cada estado siempre es dos); hoy el total de “electores” en el colegio electoral es de 538. Esta entidad es la que, según la Constitución, elige al presidente del país.

El candidato presidencial que obtiene la mayoría del voto popular en cada estado gana todos los votos electorales de ese estado en el colegio electoral (con la excepción de dos estados que dividen de manera proporcional el voto popular en su voto electoral).

Así, el que gane la mayoría del voto popular en California le son asignados todos los 55 votos electorales de ese estado; o los 21 de Pennsylvania, los 27 de Florida, o los cinco de Nevada, etcétera. Para ganar la elección presidencial se requiere acumular 270 o más votos electorales, o sea la mayoría de los 538 en total.

Este sistema electoral genera estrategias electorales muy particulares en este país. Uno de los ejercicios constantes de los políticos, sus estrategas, los analistas y los medios, sobre todo en esta etapa final de la campaña, es calcular el mapa electoral cada día, con base en incesantes encuestas y análisis sobre niveles de participación de diversas corrientes (latinos, afroestadunidenses, trabajadores, cristianos fundamentalistas, jóvenes y más).

Diversas organizaciones y medios ofrecen sus cómputos en mapas. Por ejemplo, el New York Times calcula que, por ahora, el candidato presidencial demócrata Barack Obama tiene 196 votos electorales sólidos con 90 más de estados inclinados en su favor, mientras su contrincante republicano John McCain tiene 140 votos electorales sólidos más 23 inclinándose hacia él, y otros 89 en juego.

Todo esto implica que para las campañas presidenciales el objetivo estratégico no es ganar la mayoría del voto nacional, como es el caso de casi todos los sistemas electorales “democráticos”, sino un tablero donde cada campaña está midiendo qué combinación de estados necesita para llegar a 270 o más votos electorales. El resultado del voto para presidente ya está definido en la mayoría de los estados aun antes de la elección; en aquellos donde uno de los candidatos ya goza de un margen casi seguro en las encuestas.

La elección, por lo tanto, se disputa sólo en algunos cuantos estados que se inclinan hacia uno de los candidatos, y siete u ocho más donde se registra un empate técnico. El juego es cómo conquistar esos siete u ocho, más dos o tres de los que ya están inclinados. Por ello, esta elección nacional se definirá al final entre ocho y 12 estados, los que son considerados “claves” para el triunfo.

Es por ello que las encuestas nacionales sirven sólo como indicadores generales, pero el dato más importante son los cálculos de la tendencia del voto estatal, sobre todo en los estados claves.

Con este sistema, de hecho, no hay una elección nacional, sino que hay 50 elecciones estatales para presidente (más una en el distrito federal de Washington DC). Cada gobierno estatal determina las reglas electorales, el equipo técnico, las máquinas, el padrón, y cómo resolver las disputas sobre cada aspecto de la elección. La Comisión Federal Electoral sólo se encarga de finanzas electorales, pero no tiene autoridad para determinar ni intervenir en los procesos electorales realizados a nivel estatal. Las disputas electorales primero se tienen que procesar en los tribunales locales y estatales, y sólo después pueden llegar a la Suprema Corte federal.

Así, algunos estados usan boletas de papel que se depositan en urnas físicas, mientras otros emplean equipo electrónico, y hay diferentes modelos y hasta tipo de boletas. Las horas de las casillas y más son diferentes en cada estado. A diferencia de México, no existe un órgano electoral independiente a los poderes del Estado. Peor aún, el encargado de las elecciones presidenciales en cada estado es un funcionario, llamado “secretario de estado”, que es electo y es militante de uno de los partidos; o sea, no es una figura supuestamente “neutral”, sin embargo, es responsable de todo el proceso electoral, incluyendo la integridad del padrón y el funcionamiento de las casillas, como el conteo.

Durante las últimas dos elecciones generales, este sistema ha provocado cada vez más protestas. Vale recordar que en 2000 el demócrata Al Gore ganó el voto popular por más de medio millón, pero George W. Bush finalmente ganó la elección (se dice) en el colegio electoral.

A la vez, si hay empate en el voto electoral, la Constitución establece que la Cámara de Representantes determina el ganador (en este caso, por haber mayoría demócrata en la cámara baja, se supone que ganaría Obama). También hay fantasmas que aún no descansan de los dos procesos anteriores. En 2000 al final fue la Suprema Corte, y no el electorado, quien decidió la elección presidencial. En esa elección, como la de 2004, aún no se sabe el conteo real de los votos por procesos contaminados por fraude y manipulación del voto y un sistema electoral que aún no ha reparado sus fallas reveladas en esos procesos.

O sea, en Estados Unidos, ese lema fundamental de las democracias electorales “una persona, un voto” no está garantizado.

martes, 16 de septiembre de 2008

La desestabilización es arma del imperialismo en América Latina

Los graves disturbios de las regiones separatistas de Bolivia pone en evidencia la estrategia del imperialismo para enfrentar a los jóvenes gobiernos democráticos, progresistas y patrióticos de América Latina, que se resisten a comportarse como simples fichas o extensiones de los intereses económicos y geopolíticos del imperialismo a diferencia del servil y obsecuente gobierno colombiano de Álvaro Uribe.

La respuesta soberana y firme del gobierno de Evo Morales, al responsabilizar al embajador de Bush de incentivar los disturbios internos de ese país y exigir su salida al declararlo “persona no grata”, pone en evidencia el cambio de comportamiento político de regimenes como el de Venezuela y Honduras que se solidarizaron con Bolivia al expulsar de su territorio al embajador yanqui. Esto resulta inédito y llena de pavor a la potencia con el ejército más poderoso de la historia de la humanidad, que es desafiado en lo que se llamó alguna vez su “patio trasero”.
La Unión de Naciones Sudamericanas-UNASUR, ha respondido frente a la crisis boliviana superando la competencia de la OEA, que en estos casos se convertía en un tentáculo más de poderosos intereses norteamericanos, que históricamente han lesionado a nuestros pueblos, como en 1945 en el diferendo limítrofe que desmembró al Ecuador, beneficiando con un fallo de la OEA a la estadounidense Standard Oil, con fuertes inversiones en el Perú. En esta ocasión la UNASUR actuó con eficacia precautelando la soberanía regional y estableciendo bases para la pacificación de Bolivia; José Miguel Insulza, secretario general de la OEA, llegó para hacer una floja intervención lírica, pasando prácticamente desapercibido.

El respaldo de la UNASUR al gobierno de Bolivia ha sido unánime y contundente, superando las expectativas del propio presidente Morales, este organismo decidió apoyar el proceso de diálogo, entregar asistencia técnica y logística sin límites. Las investigaciones por las masacres en el departamento de Pando avanzarán con la participación de una comisión conformada por la UNASUR.

QUE PUEDE PASAR EN ECUADOR
Así las cosas, el gobierno de Bush ensaya una serie de alternativas desestabilizadoras para los gobiernos no sumisos de América Latina, que incluye posibles intervenciones de agentes de la CIA, como lo denunciara en el Ecuador, el director del Movimiento Popular Democrático-MPD15, Luis Villacís, que tienen como objetivo la erosión del prestigio de estos gobiernos entre la población y fortalecer a la derecha pro imperialista.

A esto hay que sumar las altisonantes declaraciones de algunos miembros de la oligarquía separatista de Guayaquil, como Jaime Nebot que ha dicho que en caso de ganar el Sí, llamaría a la desobediencia de la nueva Constitución. Pero quien ha ido más allá en sus declaraciones ha sido el gestor de la entrega de la Base de Manta en 1999, al ejército norteamericano, el socialcristiano Heinz Moeller, al afirmar en un conocido programa de entrevistas de TV, del derechista Jorge Ortiz, que “está dispuesto a luchar contra la opresión, la tiranía y la dictadura (de R. Correa) en la que los periodistas han tomado la bandera” y “aplaude las aspiraciones independentistas de Bolivia que se defienden de un gobierno autoritario”, agregando que “los guayaquileños harán bien en no aceptar la dictadura de Correa”, al tiempo que defendía al ex presidente socialcristiano León Frebrescordero y a su coideario Nebot.


¿Estaría dispuesta la oligarquía guayaquileña a ensayar un modelo de desestabilización separatista a la boliviana? Las probabilidades de que esto suceda son muy altas, dada la debilidad y dispersión de la derecha ecuatoriana y del retroceso de convocatoria de otro derechista como el coronel Lucio Gutiérrez.


Así entonces, el escenario de desestabilización que hoy sufre el gobierno boliviano, podría hacerse extensivo al de Ecuador –después del previsto triunfo del Sí a la nueva Constitución, a través de una creciente ola de sospechosos asaltos, e incremento de la sensación de inseguridad para las clase media, con lo que se buscaría ampliar su descontento y captarla hacia las posiciones de la derecha. Otro mecanismo sería la organización de sabotajes al sistema energético y de telecomunicaciones, en coordinación con una escalada especulativa de productos de primera necesidad. Sin descartar esporádicas escaramuzas armadas provenientes de ex militares descontentos.


La aparente “tolerancia” del imperialismo norteamericano, con respecto a los jóvenes gobiernos progresistas de la región toma otro carácter y se apresta a ensayos, que bien la podrían poner al borde de una insubordinación abierta hacia la gran potencia del norte.


Para los comunistas, revolucionarios patriotas, hombres y mujeres el 28 de septiembre debe constituirse en un nuevo escenario donde asestemos un contundente golpe a la derecha y al imperialismo llevando a la victoria el Si a la nueva Constitución, que frene las aspiraciones separatistas y entreguistas de los grupos monopólicos de nuestro país y construyamos una gran unidad popular con miras hacia el socialismo.

miércoles, 21 de mayo de 2008

Revista Time duda de autenticidad de supuesta computadora de Raúl Reyes


Washington, 20 May.- En un artículo titulado El dilema de Estados Unidos (EEUU) contra Chávez, la revista estadounidense Time señala que existe la “posibilidad, apuntada por otros observadores, de que Chávez puede tener razón cuando manifiesta que los ordenadores portátiles pueden no ser auténticos”.


La revista Time se une a las voces que aprecian muchos puntos oscuros en el asunto de las computadores supuestamente incautadas por el ejército colombiano en el campamento de Raúl Reyes, reseñó la agencia Anncol.


El texto recuerda: “el jefe de la Interpol, Richard Noble, dijo que estaba ‘absolutamente seguro’ que las computadoras ‘vinieron de un campamento terrorista de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (Farc)’. Pero el técnico de la Interpol que hizo el peritaje de las computadoras afirmó que no habían sido manipuladas después del 1º de marzo.


Sin embargo, no se ha atendido la petición de Chávez de investigar la posibilidad de que las “computadoras hayan sido suplantadas por los militares colombianos desde el primer momento”.


El periodista de Time también reconoce que Estados Unidos estuvo detrás de la incursión de Colombia en Ecuador y que provocó la indignación en los países de la región, hasta el punto de que la Organización de Estados Americanos (OEA) la calificó de una violación del derecho internacional.


Además desautoriza a Estados Unidos de calificar de patrocinador de terrorismo a Venezuela, en cuyo caso Chávez podría recordar con voz alta “el caso de Luis Posada Carriles, quien planificó en 1976 el ataque terrorista a un avión cubano provocando la muerte de 73 personas”. A pesar de ello, 'Estados Unidos ha rechazado la extradición de Posada aun con las evidencias proporcionadas por el FBI que lo implican en el crimen”.

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